Diario de Viaje: Travesía solidaria por el Noroeste Argentino
Relato de la Dra. Agustina Gómez (todos los derechos reservados)
Este viaje resulto ser un intercambio maravilloso. Un feedback en donde otorgue mis conocimientos, mis manos y mis ganas. A cambio, y sin esperarlo recibí gratitud, cariño y una sencillez admirable.
Cada cual vive en el ámbito que le ha tocado nacer, algunos podemos elegir donde radicarnos… ¿Habías pensado alguna vez como es vivir en la montaña?
De más esta decir que no hay computadoras, ni televisores, ni siquiera heladeras, por la sencilla razón de que tampoco hay electricidad. Una pantalla solar brinda algo de energía a una casa de adobe, piso de tierra, muchas veces sin puerta o con una bolsa de arpillera cumpliendo esa función.
Las distancias son kilómetros de piedra, polvo, espinas que ya no cansan al baquiano criado en la zona. A esto se le suma la altura. Estoy hablando de la zona limítrofe entre Jujuy y Salta, llamada serranía del Chañi, un cordón montañoso que asciende a casi 6000 m.s.n.m. donde la gente vive en alturas de hasta 3500 m.s.n.m.
En esta zona los habitantes tienen características comunes. Poco a poco, con el paso de los años se van tiñendo sus pieles. La exposición solar es importante, las bajas temperaturas y el viento, curten los rostros y las manos de los coyas.
En lo que a mi profesión respecta, he podido observar que los cuadros mas frecuentes son los respiratorios, agravados por la baja PO2 (presión parcial de O2). Las caries son moneda corriente, llegando a veces a infecciones odontógenas graves. Las gastroenteritis agudas también ocupan uno de los “primeros puestos ” en cuestión de incidencia de casos, por lo cual la hidratación debe tener un énfasis especial debido a las perdidas insensibles que se le suman a un paciente en altura.
Pero por supuesto no todo es negativo en la montaña. El distress es algo desconocido prácticamente.
El consumo energético externo es mucho mayor que en la ciudad, ya que sus actividades diarias comprenden: el cuidado del ganado, donde realizan largas caminatas para el pastoreo; la recolección de una leña muy particular llamada yareta, para encender el fuego y cocinar sus alimentos. La ropa se lava agachado a la orilla del río “disfrutando” de la temperatura de la misma y del ambiente que es bastante baja. Por esta cantidad de actividades que aprenden desde chicos, no hay niños obesos, su gasto energético es por supuesto y orgullosamente muchísimo mayor que un chico de ciudad sedentario sentado frente a una caja boba. Conservan valores enseñados y transmitidos de generaciones previas.
Fue realmente un placer ponerme en contacto con esta realidad, y compartir con mis compañeros de viaje esos días.
¡ Muchas gracias!



21 junio, 2011 









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