Diario de viaje: Expedición al Nevado de Chañi
Carlos Garat (Todos los derechos reservados)
Me despertó un ruido o la falta de aire o ambas a la vez. Eran las dos y media de la madrugada pero llevaba durmiendo 5 horas y todavía faltaban otras 5 para que me pudiera levantar con el sol lo suficientemente alto como para que calentara un poquito. Decidí continuar durmiendo pero justo cuando entraba en sueño otra vez la sensación desesperante de la falta de aire me sobresaltaba y desvelaba. Seguí intentando dormir pero siempre lo mismo cuando me entredormía , la falta de aire me alertaba y aceleraba mi respiración. Pensé que estaba soñando pero no, al abrir los ojos vi el resplandor de la luna llena dando en el techo de la carpa. Entonces me preocupé y comencé a revisar mis signos vitales: mi pulso estaba un poco rápido pero es normal en esa situación, mi respiración si bien se aceleraba en el momento de despertarme, se normalizaba enseguida, no me dolía la cabeza, estaba bien, solo que durmiendo a 4.600mts de altura. Me preparé a pasar una noche muy muy larga, por lo tanto me puse a repasar lo vivido en los últimos días.
Seis días atrás Mauricio, Susana, Jorge (de aquí en más en el relato lo identificaré como “nuestro Jorge”) y yo habíamos llegado a Jujuy con el objeto de conocer y ascender el Nevado de Chañi. Su cumbre principal, de 5.896 m.s.n.m., constituye la máxima elevación de la Provincia de Jujuy.
Esta montaña forma parte de una larga sierra a la que da nombre, y que sirve de límite en gran parte entre las provincias de Salta y Jujuy, es una estructura montañosa formada por siete cumbres que superan los cinco mil metros de altura, siendo la altura máxima la de la cima principal o Cumbre General Belgrano nuestro objetivo.
Para ascender al Chañi, se puede acceder a la montaña desde el noroeste, ruta normal (El Moreno-Jujuy); desde el este por la Quebrada de León (Jujuy) y desde el sur por la Quebrada del Toro (Salta). La escalada de la cumbre principal por la ruta normal no presente dificultades técnicas, pero las otras rutas de escalada, requieren de experiencia de escaladas en altura. Esta montaña ya se ha cobrado varias vidas de montañistas que intentaron su ascenso por alguna de sus impresionantes paredes de granito y hielo. . Aconsejados por nuestro guía es que decidimos intentar no la normal sino la del este. Una ruta intermedia en complejidad y con un ascenso largo y continuo.
Así fue que el primer día de expedición, terminó en el puesto Las Trancas a 2428 msnm. de Julio Santos, después de recorrer durante varios km el lecho del Río León.
Aquí nos reunimos con otro grupo de montañistas, liderados por Jorge, secundado muy bien por Juan de Humahuaca, y los cordobeses Ricardo y Carlos, que también utilizaban los excelentes servicios de mulas y de baqueano de Nicanor Gutiérrez un lugareño que se conoce todos los secretos de cada piedra y/o animal del lugar.
Como siempre en estas aventuras de entrada hay imprevistos, el mío fue que tropecé con una piedra, se me trabaron los bastones y caí sobre ellos con todo mi peso, conclusión dos bastones rotos, por suerte los pude reparar.
El día siguiente comenzó muy temprano, a las 6 hs, pero nos pusimos en marcha a las 8 ni bien iniciado, el camino, comienza a subir por una senda muy bien marcada sobre la margen derecha de la quebrada de León, a la que seguimos para dirigirnos a Ovejería un poblado de pocas casas y muchos corrales, que tiene una Parroquia blanco inmaculada, que emociona al verla erguida en esa inmensidad. Pasando estas casas, y tras ocho horas de marcha llegamos a nuestro segundo destino y refugio, la casa de Nicanor en Los Mimbres, allí nos reciben cálidamente Asencio y Remedios, un matrimonio que además de sus tareas rurales y pastoriles con su ganado, reciben a los montañistas que se aventuran por la zona, atendiéndolos como amigos o mas aún familiares.
La casa como casi todas de la zona, tiene varias habitaciones,hechas en piedra, barro, cañas y varas de mimbre atadas con tientos de cuero, el piso es de tierra. Una particularidad que nos provocó mas de un dolor de cabeza las habitaciones están en un nivel inferior al exterior es decir al entrar hay que descender y los dinteles de la puerta están a lo sumo a un 1.70 de altura por lo que cada tanto le dábamos un cabezazo cuando salíamos o entrábamos de la habitación. Pero también tuvimos una grata sorpresa, había baño con inodoro, y luz artificial alimentada por paneles solares ( todo un lujo en la montaña). Pero para mi la sorpresa mas grande reitero fue la calidez con que nos atendió la familia Gutiérrez y la excelente cocina autóctona de Remedios y las coplas de Ramón otro joven baqueano que se mueve en la montaña mejor que las cabras.
Estábamos a 3600 msnm y esa noche el cansancio me hizo dormir como nunca. Al día siguiente como parte del plan de aclimatación subimos el cerro Mirador de 4147 mts. que estaba en las proximidades. Otra noche de descanso reparador aunque ya con varias interrupciones, la altura comenzaba a sentirse.
A las 7 de la mañana del día siguiente estábamos saliendo hacia nuestro último campamento antes de la cumbre, el Refugio Militar a 4600 msnm y casi 50 km de distancia de nuestro comienzo pero frente mismo a nuestro objetivo. Logramos llegar tras un ascenso muy duro y 9 hs de marcha. Aunque la altura se sentía pudimos armar nuestra carpa en un lugar muy protegido por unas pircas,al igual que Ricardo y Nicanor, otros prefirieron el refugio. Dormimos bastante bien y a la mañana siguiente subimos al pie del Chañi Chico, buscando un lugar con nieve donde practicar un poco con los crampones y las cuerdas. Luego de dos horas de disfrutar de la nieve regresamos a preparar nuestro equipo por cuanto esa misma noche intentaríamos la cumbre por que no sabíamos cuanto iba a durar la ventana de buen clima de la que disfrutábamos.
Aprovecharíamos la luna llena para salir a las 2 de la madrugada por cuanto nos esperaban según nuestros cálculos, 16 o más horas de marcha para ir y volver, unas 12 horas de ascenso para superar los 1400 metros de desnivel que teníamos desde el refugio. Así que a las 0.30 nos comenzamos a vestir para enfrentar la noche. La luna espectacular, hasta encandilaba cuando la teníamos al frente, no había viento y casi no se sentía el frío. Así marchamos por casi cuatro horas siempre guiados por el increíble Nicanor y nuestros respectivos guías hasta llegar al pie del acarreo ( es una superficie de terreno suelto con piedras y arena muy inestable, como la arena blanda de la playa, pero con piedras). Si bien el ritmo era lento, estuvo dentro de lo planeado, en cambio en el acarreo la cosa se nos complicó, y avanzamos pero con dificultad, de todas formas tras otras dos horas habíamos llegado al Filo (5400msnm) desde donde se veía a nuestras espaldas el camino recorrido y del otro lado mucho mas abajo, las Salinas Grandes y la población de El Moreno. En ese momento estaba muy cansado y con dolor de cabeza por lo que resolví no continuar, similar actitud adoptó Susana,y Ricardo lo había hecho un poco antes, cuando un fuerte dolor abdominal dobló a nuestro Jorge en dos obligándolo a bajar inmediatamente con Nicanor. El otro Jorge decide acompañarnos a nosotros en nuestro regreso mientras que Mauricio y Carlos se lanzan a la cumbre con Juan y Ramón. Les llevó otras 4 horas hacer cumbre, festejar y a las 18 hs estaban arribando felices y orgullosos al refugio tras casi 17 horas de trajinar en esta hermosa pero difícil montaña. Esa noche brindamos por el éxito de las expediciones y por encontrarnos bien.
Mas tarde mientras trataba de superar el insomnio y normalizar la respiración, me preguntaba por que estaba ahí y encontré la respuesta, ¡como conocer estos lugares y esta hermosa gente si uno no va hacia ellos!
El regreso, fueron otros 50 km pero esta vez cuesta abajo, no por ello menos demandante, de todos modos se hizo liviano, traíamos con nosotros la alegría y la felicidad que nos dio el hacer nuevos amigos, el reencuentro con viejas amistades, con la naturaleza en su mas pura forma, con la tradicional hospitalidad norteña, y por supuesto con nosotros mismos.
Si bien es habitual en las expediciones que coinciden en el mismo momento en la montaña un buen grado de aceptación, la camaradería, el espíritu de conjunto y colaboración que existió fue notable.
De hecho el éxito alcanzado al lograr cumbre por miembros de ambos grupos, se debió a que en todo momento funcionaron ambas expediciones como una sola.
Quiero especialmente agradecer a Jorge y Juan de Acampartrek como así también a Nicanor Gutiérrez y Ramón por la ayuda y la generosidad conque nos trataron permanentemente, demostrando un profesionalismo excepcional. A Ricardo y Carlos por haber sido tan buenos compañeros, a Mauricio por seguir siendo tan buen amigo y montañista lo que nos permitió estar en la cumbre a través suyo, y finalmente a nuestro Jorge por habernos insistido para que conociéramos el lugar.



27 abril, 2011 











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